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Domingo de Ramos en la Pasión Del Señor«La Iglesia está hoy muy interesada en evocar de nuevo un hecho importantísimo de la vida de Jesús; tan importante, que nos afecta también a nosotros. No se trata solamente de un rito conmemorativo, es decir, de una memoria celebrada para evocar un episodio de la historia evangélica. El episodio de las palmas marca, en el Evangelio un momento decisivo, de extraordinaria importancia: Jesús es reconocido, es proclamado Mesías; es aclamado como el Cristo tan esperado y tan amado. A partir de este momento, la vida, la historia, la suerte de Israel no tendrá ya sentido sino en Él: en Jesús de Nazaret. A Cristo Jesús, Verbo encarnado, Hijo eterno de Dios, nuestra adoración humilde, nuestra fe firme, nuestra esperanza serena, nuestro amor incondicional. Vale verdaderamente la pena comprometer la propia vida en seguirle a Él, sólo a Él, aun sabiendo que esta decisión llevará consigo renuncias, sacrificios, riesgos e incomprensiones. Pero Jesucristo, escribió Pascal, “es un Dios al que uno se acerca sin orgullo y se somete sin desesperación” (Pascal, Pensamientos, fr. 528)». (Pablo VI - Homilías del Domingo de Ramos de 1977 y 1978).

Misa

29 de marzo de 2026

La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del Misterio pascual se ha de evidenciar en la celebración y en la catequesis del día.

En este día la Iglesia conmemora la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para dar cumplimiento a su misterio pascual. Por esta razón, en todas las Misas se recuerda el ingreso del Señor, por medio de la procesión o la entrada solemne antes de la Misa principal, o por medio de la entrada simple antes de las otras Misas. La entrada solemne, pero no la procesión, puede repetirse antes de aquellas Misas que se celebran con gran asistencia de fieles. La procesión conviene hacerse antes de la Misa en la que haya mayor presencia de fieles y puede realizarse también en horas de la tarde, ya sea del sábado ya del domingo.

Cuando no se pueda celebrar la Misa, es conveniente que se haga una celebración de la Palabra sobre la entrada mesiánica y la Pasión del Señor, ya sea el sábado por la tarde, ya el domingo en una hora oportuna.

¿Correcciones? ¿Comentarios? ¿Sugerencias? ¡Escríbenos!

Índice

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén
Ritos iniciales
Liturgia de la Palabra
Liturgia Eucarística
Rito de la conclusión

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén

La conmemoración a continuación corresponde a la entrada en la forma de procesión. También puede hacerse la entrada o .

Entrada en la forma de procesión

A la hora indicada el pueblo se reúne en una iglesia menor o en otro lugar apto, pero fuera del templo hacia el cual se dirigirá la procesión. Los fieles tienen en sus manos ramos de palma o de otros árboles; lo mismo los sacerdotes y otros ministros.

El sacerdote y los ministros, revestidos con los ornamentos rojos requeridos para la Misa, se dirigen al lugar donde el pueblo se encuentra congregado. El sacerdote puede usar la capa pluvial roja que dejará, una vez concluida la procesión, para revestir la casulla.

Mientras tanto se canta la siguiente antífona u otro cántico adecuado:

Antífona Cf. Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David.
Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel.
Hosanna en las alturas.

El sacerdote y los fieles hacen la señal de la cruz, mientras el sacerdote dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho., y del Espíritu Santo.

Después saluda al pueblo:

V.Sean bienaventurados a esta celebración,
y que Cristo muerto y resucitado
por nuestra salvación y la del mundo entero
permanezca ahora y siempre con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

Seguidamente, el sacerdote hace una breve monición en la que invita a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos:
Después de haber preparado nuestros corazones
desde el comienzo de la Cuaresma,
por medio de la penitencia, la oración y las obras de caridad,
hoy nos congregamos para iniciar con toda la Iglesia
la celebración del misterio pascual de nuestro Señor.
Este sagrado misterio se realiza por su muerte y resurrección;
para ello, Jesús ingresó en Jerusalén, la ciudad santa.
Nosotros, llenos de fe y con gran fervor,
recordando esta entrada triunfal,
sigamos al Señor para que, por la gracia que brota de su Cruz,
lleguemos a tener parte en su resurrección y en su vida.

Oración de bendición de los ramos

Después de esta monición, el sacerdote, para bendecir los ramos, dice, con las manos extendidas, la siguiente oración, o bien :

V.Oremos.
Dios todopoderoso y eterno,
santifica con tu bendición Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho. estos ramos
para que, cuantos seguimos con aclamaciones a Cristo Rey,
podamos llegar por Él a la Jerusalén celestial.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R.Amén.

Después de esta monición, el sacerdote, para bendecir los ramos, dice, con las manos extendidas, la siguiente oración, o bien :

V.Oremos.
Dios nuestro, aumenta la fe de cuantos esperamos en ti
y escucha nuestras súplicas,
para que, quienes hoy llevamos estos ramos
en honor de Cristo victorioso,
te presentemos el fruto de las buenas obras, unidos a Él.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R.Amén.

Y rocía los ramos con agua bendita, en silencio.

Si se usa incienso, el sacerdote coloca incienso en el turíbulo y puede incensiar los ramos.

Luego el diácono, o en su defecto el mismo sacerdote, proclama el Evangelio de la manera acostumbrada. Según las circunstancias, puede usarse el incienso.

Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho. Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 1-11

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles:

«Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita y los va a devolver enseguida”».

Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:

«Digan a la hija de Sión:
Mira que tu rey viene hacia ti,
humilde y montado sobre un asna,
sobre la cría de un animal de carga».

Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús montó sobre él. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.

La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:

«¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!».

Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es éste?».

Y la gente respondía:

«Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».

V.Palabra del Señor.
R.Gloria a ti, Señor Jesús.

Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede hacerse una breve homilía. Luego el sacerdote, el diácono o un ministro laico invita a comenzar la procesión con las siguientes palabras, u otras semejantes:

Queridos hermanos:
Imitemos a la muchedumbre que aclamó a Jesús,
y caminemos cantando y glorificando a Dios,
unidos por el vínculo de la paz.

Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede hacerse una breve homilía. Luego el sacerdote, el diácono o un ministro laico invita a comenzar la procesión con las siguientes palabras, u otras semejantes:

V.Caminemos en paz.
R.En el nombre de Cristo. Amén.

Y comienza la procesión hacia la iglesia en la que se celebrará la Misa. Si se usa incienso, el turiferario va adelante con el incensario humeante; lo sigue un acólito u otro ministro con la cruz, adornada con ramos según la costumbre del lugar, entre dos ministros con los cirios encendidos. Luego sigue el diácono con el Evangeliario, el sacerdote con los demás ministros, y detrás de ellos los fieles con ramos en las manos.

Durante la procesión, el coro y el pueblo entonan los cánticos siguientes u otros similares en honor de Cristo Rey:

Antífona 1

R.Los niños hebreos, llevando ramos de olivo,
salieron al encuentro del Señor, aclamando y diciendo:
Hosanna en el cielo.

Según las circunstancias, esta antífona puede alternarse con los versículos del salmo 23.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes
porque Él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.

Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
Es el Señor, el fuerte, el poderoso,
el Señor poderoso en los combates. R.

¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El Rey de la gloria
es el Señor de los ejércitos. R.

Antífona 2

R.Los niños hebreos extendían sus mantos por el camino
y aclamaban diciendo:
Hosanna al Hijo de David.
Bendito el que viene en nombre del Señor.

Según las circunstancias, esta antífona puede alternarse con los versículos del salmo 46.

Salmo 46

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la Tierra. R.

Él puso a los pueblos bajo nuestro yugo,
y a las naciones bajo nuestros pies;
Él eligió para nosotros una herencia,
que es el orgullo de Jacob, su predilecto.
El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas. R.

Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey.
El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno. R.

El Señor reina sobre las naciones,
el Señor se sienta en su trono sagrado.
Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y Él se ha elevado inmensamente. R.

Himno a Cristo Rey

R.Gloria, alabanza y honor a ti, Cristo,
nuestro Rey y Redentor,
a quien los niños con júbilo cantaban: Hosanna.

Tú eres el Rey de Israel,
noble descendiente de David,
Rey bendito que vienes en nombre del Señor. R.

Los ángeles te alaban en el Cielo;
también los hombres y todo el universo. R.

El pueblo hebreo salió a tu encuentro
con palmas en las manos:
aquí estamos nosotros con himnos,
ofrendas y plegarias. R.

Ellos te aclamaban cuando ibas a morir;
ahora que reinas, nosotros te cantamos. R.

Ellos te agradaron,
acepta también nuestro homenaje;
Rey bueno, Rey piadoso,
que te complaces con todo lo bueno. R.

Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro cántico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén:

R.Al entrar el Señor en la ciudad santa,
los niños hebreos con palmas en las manos
anunciaban la resurrección de Cristo, diciendo:
* Hosanna en el cielo.
V.Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén,
el pueblo salió a su encuentro
y con palmas en las manos, aclamaba:
* Hosanna en el cielo.

También puede cantarse el Salmo 121.

Al llegar al altar, el sacerdote lo venera y, según las circunstancias, lo inciensa. Luego se dirige a la sede; si usó la capa pluvial, la deja, y se coloca la casulla. Omitidos los ritos iniciales y, según el caso, también el «Señor, ten piedad», pronuncia la oración colecta de la Misa como conclusión de la procesión, y continúa como de costumbre.

La conmemoración a continuación corresponde a la entrada en la forma de entrada solemne. También puede hacerse la entrada o .

Entrada solemne

Cuando no es posible hacer la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor se celebra dentro del templo en forma solemne, antes de la Misa principal.

Los fieles se reúnen ante la puerta del templo, o bien dentro de éste, con los ramos en sus manos. El sacerdote, los ministros y un grupo de fieles se dirigen a un sitio adecuado del templo, fuera del presbiterio, desde donde la mayor parte de los fieles pueda ver el desarrollo del rito.

Mientras el sacerdote se dirige al lugar elegido, se canta la siguiente antífona u otro canto adecuado:

Antífona Cf. Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David.
Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel.
Hosanna en las alturas.

Oración de bendición de los ramos

Después de esta monición, el sacerdote, para bendecir los ramos, dice, con las manos extendidas, la siguiente oración, o bien :

V.Oremos.
Dios todopoderoso y eterno,
santifica con tu bendición Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho. estos ramos
para que, cuantos seguimos con aclamaciones a Cristo Rey,
podamos llegar por Él a la Jerusalén celestial.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R.Amén.

Después de esta monición, el sacerdote, para bendecir los ramos, dice, con las manos extendidas, la siguiente oración, o bien :

V.Oremos.
Dios nuestro, aumenta la fe de cuantos esperamos en ti
y escucha nuestras súplicas,
para que, quienes hoy llevamos estos ramos
en honor de Cristo victorioso,
te presentemos el fruto de las buenas obras, unidos a Él.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R.Amén.

Y rocía los ramos con agua bendita, en silencio.

Si se usa incienso, el sacerdote coloca incienso en el turíbulo y puede incensiar los ramos.

Luego el diácono, o en su defecto el mismo sacerdote, proclama el Evangelio de la manera acostumbrada. Según las circunstancias, puede usarse el incienso.

Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho. Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 1-11

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles:

«Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: “El Señor los necesita y los va a devolver enseguida”».

Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:

«Digan a la hija de Sión:
Mira que tu rey viene hacia ti,
humilde y montado sobre un asna,
sobre la cría de un animal de carga».

Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús montó sobre él. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.

La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:

«¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!».

Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es éste?».

Y la gente respondía:

«Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».

V.Palabra del Señor.
R.Gloria a ti, Señor Jesús.

Después del Evangelio, el sacerdote con los ministros y el grupo de fieles que lo acompañó más de cerca, se dirigen solemnemente por la iglesia hacia el presbiterio, mientras se canta el siguiente responsorio u otro canto apropiado:

R.Al entrar el Señor en la ciudad santa,
los niños hebreos con palmas en las manos
anunciaban la resurrección de Cristo, diciendo:
* Hosanna en el cielo.
V.Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén,
el pueblo salió a su encuentro
y con palmas en las manos, aclamaba:
* Hosanna en el cielo.

También puede cantarse el Salmo 121.

Al llegar al altar, el sacerdote lo venera. Luego se dirige a la sede. Omitidos los ritos iniciales y, según el caso, también el «Señor, ten piedad», pronuncia la oración colecta de la Misa como de costumbre.

La conmemoración a continuación corresponde a la entrada en la forma de entrada simple. También puede hacerse la entrada o .

Entrada simple

En todas las demás Misas de este domingo en las que no se hace la entrada solemne, se conmemora la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada simple.

Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con su salmo u otro canto similar. El sacerdote, al llegar al altar, lo venera y se dirige a la sede. Después de la señal de la cruz, saluda al pueblo. Luego, la Misa continúa como de costumbre.

En las Misas en las que no es posible hacer el canto de entrada, el sacerdote llega al altar, lo venera, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la Misa de la manera acostumbrada.

Ritos inicialesLos ritos iniciales tienen carácter introductorio y de preparación.

Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada o se dice la antífona de entrada a continuación:

Antífona de entrada Cf. Jn 12, 1. 12-13; Sal 23, 9-10La antífona de entrada tiene por fin abrir la celebración, promover la unión de quienes están congregados, introducir el misterio del tiempo litúrgico o de la festividad, y acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.

Seis días antes de la solemnidad de la Pascua,
cuando el Señor entraba a la ciudad de Jerusalén,
los niños salieron a su encuentro con palmas en sus manos
y aclamaban con toda su voz:
* Hosanna en las alturas. Bendito Tú,
que has venido lleno de misericordia.

Puertas, levanten sus dinteles.
Ábranse, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria.
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
* Hosanna en las alturas. Bendito Tú,
que has venido lleno de misericordia.

Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.

Saludo

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

V.En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.Los versículos V. no son dichos por el pueblo.
R.Amén.Las respuestas R. son dichas por el pueblo.

Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y de Jesucristo el Señor,
estén con todos ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.El Señor esté con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.La paz esté con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.La gracia y el amor de Jesucristo,
que nos llama a la conversión,
esté con todos ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.Que el Espíritu de Dios
nos ayude a responder dócilmente a su llamado penitencial,
y que su gracia salvadora
permanezca con cada uno de ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.Que el Señor Jesús los encamine
hacia el amor de Dios Padre
y les dé la perseverancia
para renovar su compromiso bautismal,
y que su amor misericordioso
descienda y esté con todos ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.De parte de Dios Padre y de Jesucristo,
que nos amó y nos purificó de nuestros pecados
con su sangre,
gracia y paz a todos ustedes.
R.Y con tu espíritu.

En lugar del siguiente saludo puede decir , , , , , , o .

V.Sean bienvenidos a esta celebración,
y que Cristo muerto y resucitado
por nuestra salvación y la del mundo entero
permanezca ahora y siempre con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

El sacerdote o el diácono, u otro ministro, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la Misa del día.

Acto penitencialEn el Acto penitencial se realiza una confesión general de toda la comunidad. Nótese que el Acto penitencial carece de la eficacia del sacramento de la Penitencia.El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del Acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo.

A continuación se hace el Acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

En lugar de la siguiente introducción puede decir , , , o .

V.Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.

En lugar de la siguiente introducción puede decir , , , o .

V.El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

En lugar de la siguiente introducción puede decir , , , o .

V.Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
que también nos reconocemos pecadores.

En lugar de la siguiente introducción puede decir , , , o .

V.Jesucristo, el justo, intercede por nosotros
y nos reconcilia con el Padre.
Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento,
para acercarnos a la mesa del Señor.

En lugar de la siguiente introducción puede decir , , , o .

V.Pidamos perdón a Dios de todo corazón.

En lugar de la siguiente introducción puede decir , , , o .

En el día en que celebramos la victoria de Cristo
sobre el pecado y sobre la muerte,
confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre
para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

Se hace una breve pausa en silencio.

La invocación a continuación corresponde a la forma I. También puede decir , , , , , , o .

Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:

R.Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;

Y, golpeándose el pecho, dicen:

por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Luego, prosiguen:

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

La invocación a continuación corresponde a la forma II. También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Señor, ten misericordia de nosotros.
R.Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

V.Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R.Y danos tu salvación.

La invocación a continuación corresponde a Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón (forma III). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que has venido a llamar a los pecadores:
Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que estás sentado a la derecha del Padre
para interceder por nosotros:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

La invocación a continuación corresponde a Tú que fuiste tentado por el Espíritu del mal (Cuaresma). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que fuiste tentado por el Espíritu del mal:
Señor, ten piedad
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que venciste la tentación con la Palabra de Dios:
Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que nos llamas a compartir tu victoria:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

La invocación a continuación corresponde a Tú que perdonas nuestros pecados (Cuaresma). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que perdonas nuestros pecados:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que nos llamas a hacer penitencia:
Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que confiaste a la Iglesia el signo de tu perdón:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

La invocación a continuación corresponde a Tú que borras nuestras culpas (Cuaresma). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que borras nuestras culpas:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que creas en nosotros un corazón puro:
Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que nos devuelves la alegría de la salvación:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

La invocación a continuación corresponde a Tú que conoces nuestros pensamientos (Cuaresma). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que conoces nuestros pensamientos:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón:
Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que nos exhortas a una sincera conversión:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

La invocación a continuación corresponde a Tú que nos hiciste renacer por el agua y el Espíritu Santo (Cuaresma). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que nos hiciste renacer por el agua y el Espíritu Santo:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que nos convertiste en nuevas creaturas:
Cristo, ten piedad
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que nos invitas a renovar nuestro Bautismo:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

La invocación a continuación corresponde a Tú que llevaste a la Cruz nuestros pecados (Cuaresma). También puede decir , , , , , , o .

Después el sacerdote dice:

V.Tú que llevaste a la Cruz nuestros pecados:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Tú que resucitaste para nuestra justificación:
Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Tú que no quieres la muerte del pecador,
sino que se convierta y viva:
Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

Sigue la absolución del sacerdote.

V.Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Siguen las invocaciones «Señor, ten piedad» («Kýrie eléison»):

V.Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

V.Cristo, ten piedad.
R.Cristo, ten piedad.

V.Señor, ten piedad.
R.Señor, ten piedad.

Se pueden tomar las melodías del «Gradual Romano».

El sacerdote, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

Entonces el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:

Oración colectaLa oración colecta expresa el carácter de la celebración. Por una tradición de la Iglesia, se dirige a Dios Padre, por Cristo en el Espíritu Santo.

Dios todopoderoso y eterno,
Tú mostraste a los hombres
el ejemplo de humildad de nuestro Salvador,
que se encarnó y murió en la Cruz;
concédenos recibir las enseñanzas de su pasión,
para poder participar un día de su gloriosa resurrección.
Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

R.Amén.

Liturgia de la PalabraLa Liturgia de la Palabra se constituye por lecturas de la Sagrada Escritura, cánticos que se intercalan entre ellas, la homilía, la profesión de fe y la oración universal u oración de los fieles.

El lector se dirige al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.

Para la lectura de la Pasión, no se llevan cirios ni se inciensa; se omite el saludo y la signación del libro. La lectura está a cargo de un diácono o, en su defecto, del mismo sacerdote. Sin embargo, es recomendable confiar a otros lectores las distintas partes según indica el Leccionario, y reservar al diácono o al sacerdote la parte correspondiente a Cristo. Solamente los diáconos que intervienen en la proclamación piden la bendición del sacerdote, como se hace antes del Evangelio.

Primera lecturaEn las lecturas, Dios habla a su pueblo, le desvela los misterios de la redención y de la salvación, y le ofrece alimento espiritual.

Del libro del profeta Isaías 50, 4-7

No retiré mi rostro cuando me ultrajaban, pero sé muy bien que no seré defraudado

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, Él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.

Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

V.Palabra de Dios.
R.Te alabamos, Señor.

El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta R.

Salmo responsorial 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24El salmo responsorial favorece la meditación de la Palabra de Dios.

R.Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto». R.

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos. R.

Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
Pero Tú, Señor, no te quedes lejos;
Tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel». R.

El lector lee la segunda lectura desde el ambón, como la primera.

Segunda lectura

De la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11

Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.

Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor».

V.Palabra de Dios.
R.Te alabamos, Señor.

Sigue un canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico, o la aclamación al Evangelio a continuación. Se canta estando todos de pie.

Aclamación al Evangelio Flp 2, 8-9En la aclamación al Evangelio, los fieles saludan al Señor antes de escuchar su palabra en el Evangelio.

Cristo se humilló por nosotros
hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

Para la lectura de la Pasión, no se llevan cirios ni se inciensa; se omite el saludo y la signación del libro. La lectura está a cargo de un diácono o, en su defecto, del mismo sacerdote. Sin embargo, es recomendable confiar a otros lectores las distintas partes según indica el Leccionario, y reservar al diácono o al sacerdote la parte correspondiente a Cristo. Solamente los diáconos que intervienen en la proclamación piden la bendición del sacerdote, como se hace antes del Evangelio.

Las indicaciones para los lectores son:

Cristo (diácono o presbítero)
C.Cronista (diácono o lector/a)
S.“Sinagoga” (diácono o lector/a)

En los lugares en que pareciera oportuno, durante la lectura de la Pasión se pueden incorporar aclamaciones.

Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario.

Si el diácono está presente, se realiza la proclamación del Evangelio a continuación. Si el diácono no está presente, se realiza .

El diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:

Padre, dame tu bendición.

El sacerdote, en voz baja, dice:

El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:

Amén.

Si el diácono no está presente, el sacerdote realiza la proclamación del Evangelio a continuación. Si el diácono está presente, se realiza .

El sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:

Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,
para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.

Después el diácono, o el sacerdote, se dirige al ambón, acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios, si es oportuno, y dice:

V.El Señor esté con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

El diácono, o el sacerdote:

V.Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san N.

Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.

El pueblo aclama:

R.Gloria a ti, Señor.

Luego el diácono, o el sacerdote, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.

En lugar del siguiente Evangelio puede leerse .

Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho. EvangelioEl Evangelio es el centro de la Liturgia de la Palabra, que los fieles deben escuchar con la mayor reverencia, reconociendo y proclamando la presencia de Dios que les habla.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 3-5. 14—27, 66

¿Cuánto me darán si lo entrego?

C.Unos días antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. Pero decían:

S.«No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo».

C.Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:

S.«¿Cuánto me darán si se lo entrego?»

C.Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?

C.El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús:

S.«¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»

C.Él respondió:

«Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: ‘Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’”».

C.Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Uno de ustedes me entregará

C.Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo:

«Les aseguro que uno de ustedes me entregará».

C.Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno:

S.«¿Seré yo, Señor?»

C.Él respondió:

«El que acaba de servirse de la misma fuente que Yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»

C.Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:

S.«¿Seré yo, Maestro?»

«Tú lo has dicho».

C.Le respondió Jesús.

Esto es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre

C.Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

«Tomen y coman, esto es mi Cuerpo».

C.Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:

«Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».

C.Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C.Entonces Jesús les dijo:

«Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero después que Yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea».

C.Pedro, tomando la palabra, le dijo:

S.«Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás».

C.Jesús le respondió:

«Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces».

C.Pedro le dijo:

S.«Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré».

C.Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Comenzó a entristecerse y a angustiarse

C.Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo:

«Quédense aquí, mientras Yo voy allí a orar».

C.Y llevando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:

«Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo».

C.Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:

«Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».

C.Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro:

«¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».

C.Se alejó por segunda vez y suplicó:

«Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad».

C.Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo:

«Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la Hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar».

Se abalanzaron sobre él y lo detuvieron

C.Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal:

S.«Es aquél a quien voy a besar. Deténganlo».

C.Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:

S.«Salud, Maestro».

C.Y lo besó. Jesús le dijo:

«Amigo, ¡cumple tu cometido!»

C.Entonces se abalanzaron sobre Él y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:

«Guarda tu espada, porque el que a hierro mata, a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder esto?»

C.Y en ese momento, Jesús dijo a la multitud:

«¿Soy acaso un bandido, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron».

C.Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso

C.Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo siguió de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores para ver cómo terminaba todo. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:

S.«Este hombre dijo: “Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».

C.El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús:

S.«¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?»

C.Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió:

S.«Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».

C.Jesús le respondió:

«Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo».

C.Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:

S.«Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?»

C.Ellos respondieron:

S.«Merece la muerte».

C.Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole:

S.«Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó».

Antes que cante el gallo, me negarás tres veces

C.Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo:

S.«Tú también estabas con Jesús, el Galileo».

C.Pero él lo negó delante de todos, diciendo:

S.«No sé lo que quieres decir».

C.Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:

S.«Éste es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno».

C.Y nuevamente Pedro negó con juramento:

S.«Yo no conozco a ese hombre».

C.Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:

S.«Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona».

C.Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C.Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre

C.Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:

S.«He pecado, entregando sangre inocente».

C.Ellos respondieron:

S.«¿Qué nos importa? Es asunto tuyo».

C.Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:

S.«No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre».

C.Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado «del alfarero», para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy «Campo de sangre». Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: «Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquél a quien pusieron precio los israelitas. Con el dinero se compró el “Campo del alfarero”, como el Señor me lo había ordenado».

¿Tú eres el rey de los judíos?

C.Jesús compareció ante el gobernador, y éste le preguntó:

S.«¿Eres Tú el rey de los judíos?»

C.Él respondió:

«Tú lo dices».

C.Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:

S.«¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»

C.Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Jesús Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:

S.«¿A quién quieren que ponga en libertad, a Jesús Barrabás o a Jesús llamado el Mesías?»

C.Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:

S.«No te mezcles en el asunto de ese justo porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».

C.Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:

S.«¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»

C.Ellos respondieron:

S.«A Barrabás».

C.Pilato continuó:

S.«¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»

C.Todos respondieron:

S.«¡Que sea crucificado!»

C.El insistió:

S.«¿Qué mal ha hecho?»

C.Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:

S.«¡Que sea crucificado!»

C.Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:

S.«Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes».

C.Y todo el pueblo respondió:

S.«Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos».

C.Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Salud, rey de los judíos

C.Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de Él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza; pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de Él, se burlaban, diciendo:

S.«Salud, rey de los judíos».

C.Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Fueron crucificados con Él dos ladrones

C.Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, «los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;» y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C.Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:

S.«Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»

C.De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:

S.«¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en Él. “Ha confiado en Dios; que Él lo libre ahora si lo ama”, ya que Él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”».

C.También lo insultaban los bandidos crucificados con Él.

Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?

C.Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:

«Elí, Elí, lemá sabactaní».

C.Que significa:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

C.Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:

S.«Está llamando a Elías».

C.En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían:

S.«Espera, veamos si Elías viene a salvarlo».

C.Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración.

C.Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:

S.«¡Verdaderamente, éste era Hijo de Dios!»

C.Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María —la madre de Santiago y de José— y la madre de los hijos de Zebedeo.

José depositó el cuerpo de Jesús en un sepulcro nuevo

C.Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.

Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente

C.A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, diciéndole:

S.«Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: “A los tres días resucitaré”. Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: “¡Ha resucitado!”» Este último engaño sería peor que el primero».

C.Pilato les respondió:

S.«Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente».

C.Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

En lugar del siguiente Evangelio puede leerse .

Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho. EvangelioEl Evangelio es el centro de la Liturgia de la Palabra, que los fieles deben escuchar con la mayor reverencia, reconociendo y proclamando la presencia de Dios que les habla.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27, 1-2. 11-54

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C.Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

¿Tú eres el rey de los judíos?

C.Jesús compareció ante el gobernador, y éste le preguntó:

S.«¿Eres Tú el rey de los judíos?»

C.Él respondió:

«Tú lo dices».

C.Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:

S.«¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»

C.Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Jesús Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:

S.«¿A quién quieren que ponga en libertad, a Jesús Barrabás o a Jesús llamado el Mesías?»

C.Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:

S.«No te mezcles en el asunto de ese justo porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».

C.Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:

S.«¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»

C.Ellos respondieron:

S.«A Barrabás».

C.Pilato continuó:

S.«¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»

C.Todos respondieron:

S.«¡Que sea crucificado!»

C.El insistió:

S.«¿Qué mal ha hecho?»

C.Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:

S.«¡Que sea crucificado!»

C.Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:

S.«Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes».

C.Y todo el pueblo respondió:

S.«Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos».

C.Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Salud, rey de los judíos

C.Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de Él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza; pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de Él, se burlaban, diciendo:

S.«Salud, rey de los judíos».

C.Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Fueron crucificados con Él dos ladrones

C.Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, «los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;» y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C.Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:

S.«Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»

C.De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:

S.«¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en Él. “Ha confiado en Dios; que Él lo libre ahora si lo ama”, ya que Él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”».

C.También lo insultaban los bandidos crucificados con Él.

Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?

C.Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:

«Elí, Elí, lemá sabactaní».

C.Que significa:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

C.Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:

S.«Está llamando a Elías».

C.En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían:

S.«Espera, veamos si Elías viene a salvarlo».

C.Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración.

C.Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:

S.«¡Verdaderamente, éste era Hijo de Dios!»

V.Palabra del Señor.
R.Gloria a ti, Señor Jesús.

Si la aclamación es cantada, puede usarse la siguiente respuesta de alabanza a Jesucristo, o bien o :

Tu palabra, Señor, es la verdad,
y tu ley nuestra libertad.

Si la aclamación es cantada, puede usarse la siguiente respuesta de alabanza a Jesucristo, o bien o :

Tu palabra, Señor,
es lámpara que alumbra nuestros pasos.

Si la aclamación es cantada, puede usarse la siguiente respuesta de alabanza a Jesucristo, o bien o :

Tu palabra, Señor,
permanece por los siglos.

Después besa el libro, diciendo en secreto:

Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.

Luego se hace la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse obligatoriamente todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda en los otros días.

Después de la proclamación de la Pasión, si se cree oportuno, hágase una breve homilía. Puede hacerse también un momento de silencio.

Acabada la homilía se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe.

En lugar del siguiente Símbolo puede decirse .

Credo de los apóstolesEn el Símbolo o Profesión de fe el pueblo responde a la Palabra de Dios, recordando, confesando y manifestando los grandes misterios de la fe.

Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

En las palabras indicadas en itálica, todos se inclinan:

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

En lugar del siguiente Símbolo puede decirse .

Credo niceno-constantinopolitanoEn el Símbolo o Profesión de fe el pueblo responde a la Palabra de Dios, recordando, confesando y manifestando los grandes misterios de la fe.

Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación
bajó del cielo,

En las palabras indicadas en itálica, todos se inclinan:

y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.

Después se hace la oración universal u oración de los fieles.

Oración universal

La oración universal u oración de los fieles se desarrolla de la siguiente manera:

Invitatorio

El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.

Intenciones

Las intenciones son propuestas por un diácono o, si no lo hay, por un lector o por otra persona idónea.

El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.

La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:

a. Por las necesidades de la Iglesia.
b. Por los gobernantes y por la salvación del mundo entero.
c. Por aquellos que se encuentran en necesidades particulares.
d. Por la comunidad local.

Conclusión

El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva.

Liturgia EucarísticaLa liturgia eucarística está compuesta por la preparación y ofrenda de los dones, la plegaria eucarística y la comunión. Esta estructura se basa en los actos que Jesucristo realizó durante la Última Cena, cuando tomó el pan y el vino, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio a sus discípulos.

Terminado lo anterior, puede comenzar el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.

El sacerdote, de pie junto al altar, toma la patena con el pan y, teniéndola con ambas manos un poco elevada sobre el altar, dice en voz baja:

Bendito seas, Señor, Dios del Universo,
por este pan,
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.

Después, deja sobre el corporal la patena con el pan.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:

R.Bendito seas por siempre, Señor.

El diácono, o el sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:

Por el misterio de esta agua y este vino,
haz que compartamos la divinidad
de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Después, el sacerdote toma el cáliz y, teniéndolo con ambas manos un poco elevado sobre el altar, dice en voz baja:

Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este vino
fruto de la vid y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de salvación.

Después deja sobre el corporal el cáliz.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:

R.Bendito seas por siempre, Señor.

Luego, el sacerdote, inclinado profundamente, dice en secreto:

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio
y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Y, si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:

Lava del todo mi delito, Señor,
y limpia mi pecado.

Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice la oración a continuación, o bien o :

V.Oremos, hermanos,
para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice la oración a continuación, o bien o :

V.En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia,
oremos a Dios, Padre todopoderoso.

Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice la oración a continuación, o bien o :

V.Oremos, hermanos, para que, llevando al altar
los gozos y las fatigas de cada día,
nos dispongamos a ofrecer el sacrificio
agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo se pone de pie y responde:

R.El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
para nuestro bien
y el de toda su santa Iglesia.

Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas.

Oración sobre las ofrendasDepositadas las ofrendas y concluidos los ritos que las acompañan, se dice la oración sobre las ofrendas. El pueblo se une a la súplica, respondiendo «Amén».

Por la pasión de tu Hijo unigénito
danos, Señor, tu perdón
y aunque no lo merecen nuestras obras,
haz que lo recibamos de tu misericordia
por este único sacrificio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.Amén.

Entonces el sacerdote empieza la Plegaria eucarística.

PrefacioEl prefacio introduce el momento culminante de la misa: la consagración del pan y del vino.

De la Pasión del Señor

Extendiendo las manos, dice:

V.El Señor esté con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

El sacerdote, elevando las manos, prosigue:

V.Levantemos el corazón.
R.Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote con la manos extendidas, dice:

V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R.Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio, con las manos extendidas.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Él, que era inocente,
quiso padecer por los pecadores
y fue condenado injustamente para salvar a los culpables;
al morir, borró nuestros pecados,
y al resucitar, nos obtuvo la salvación.

Por eso, con todos los ángeles
te alabamos, diciendo con alegría:

Al final del prefacio junta las manos y, en unión con el pueblo, concluye el mismo prefacio, cantando o diciendo con voz clara:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

En todas las misas, el sacerdote celebrante puede cantar algunas partes de la Plegaria eucarística.

Antífona de Comunión Mt 26, 42Durante la Comunión, cuando no hay canto, puede decirse la antífona de Comunión. Pueden hacerlo los fieles en general, o algunos de ellos, un lector o incluso el propio sacerdote después de haber comulgado, antes de distribuir la Comunión a los fieles.

Padre mío, si no puede pasar este cáliz
sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad.

Oración después de la ComuniónAl concluir la Comunión, el sacerdote dice la Oración después de la Comunión, rogando por los frutos del misterio que se ha celebrado.

Alimentados con tus sagrados dones,
te pedimos, Padre, que así como por la muerte de tu Hijo
nos haces esperar lo que creemos,
por su resurrección lleguemos a la gloria que anhelamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Rito de la conclusiónEl rito de conclusión incluye: breves avisos, saludo y bendición del sacerdote, despedida del pueblo, beso del altar por parte del sacerdote y del diácono, e inclinación profunda al altar por parte del sacerdote, diácono y otros ministros.

Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.

En lugar de la siguiente bendición puede decirse o .

Bendición finalEn la bendición final el sacerdote transmite, con la eficacia y certeza de la liturgia, una bendición, que Cristo finalmente concede a su pueblo.

El sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la siguiente oración de despedida:

V.El Señor esté con ustedes.
R.Y con tu espíritu.

V.La bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho., y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
R.Amén.

En lugar de la siguiente oración sobre el pueblo puede decirse o .

Oración sobre el puebloEn la oración sobre el pueblo el sacerdote transmite, con la eficacia y certeza de la liturgia, una bendición, que Cristo finalmente concede a su pueblo.

El diácono o, a falta de este, el sacerdote, dice:

Inclinados, reciban la bendición.

El sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la siguiente oración de despedida:

V.Padre, dirige tu mirada sobre esta familia tuya,
por la cual nuestro Señor Jesucristo
no dudó en entregarse a las manos de los verdugos
y sufrir el suplicio de la Cruz.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R.Amén.

V.La bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho., y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R.Amén.

En lugar de la siguiente bendición puede decirse o .

Bendición solemneEn la bendición solemne el sacerdote transmite, con la eficacia y certeza de la liturgia, una bendición, que Cristo finalmente concede a su pueblo.

Pasión del Señor

El diácono o, a falta de este, el sacerdote, dice:

Inclinados, reciban la bendición.

El sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la siguiente oración de despedida:

V.Dios Padre misericordioso,
que nos dejó el testimonio de su amor
en la pasión de su Hijo Unigénito,
les conceda el don admirable de su bendición
por el servicio de Dios y de los hombres.
R.Amén.

V.Ya que creen que por la muerte temporal de su Hijo
fueron liberados de la muerte eterna,
les dé la recompensa de la vida futura.
R.Amén.

V.Y siguiendo sus ejemplos de humildad
merezcan participar de su resurrección.
R.Amén.

V.Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho., y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R.Amén.

En lugar de la siguiente despedida puede decirse , o .

V.Pueden ir en paz.
R.Demos gracias a Dios.

En lugar de la siguiente despedida puede decirse , o .

V.La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
R.Demos gracias a Dios.

En lugar de la siguiente despedida puede decirse , o .

V.Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
R.Demos gracias a Dios.

En lugar de la siguiente despedida puede decirse , o .

V.En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
R.Demos gracias a Dios.